martes, 18 de diciembre de 2018

Soy de esas.

Soy de esas.

De las que escuchan canciones en bucle. Esas que no puedes parar de escuchar y siempre te dejan muy metido en la mierda. Y las vuelves a poner.
De ganas de escribirle aunque sepas que no te va a contestar. 
De ir al pueblo. 
De los “no me pasa nada” que gritan “me pasa todo”. 
De ti, que no hablas, pero miras. Profundamente. 
De dormir poco y pensar demasiado. 
De la leche fría en un vaso con Cola Cao y tres tipos diferentes de galletas. 
De echarme colonia hasta por los codos y de mirarme en todos los espejos de las calles. De estar en silencio, de pensar demasiado y coleccionar dolor. 
Y muchas veces, los silencios dicen más que el resto del mundo a gritos. 
De darlo todo y que me revienten por dentro. 
Y seguir viviendo con falsas señales.
De cerrar los ojos y quedarme dormida cuando me acarician el pelo. 
De queso con macarrones y no al revés. Y si algún macarrón queda suelto, inundarlo de más queso. 
De pantalones pitillo y camisetas anchas. 
De charlas largas con mis amigos y de bailar en cualquier lugar. 
De hacer cualquier tontería para que alguien sonría.


Soy rara.

De esas raras, que si un tren me encanta, vuelvo a por él, aunque me arrolle de nuevo. 
De sorpresas en peligro de extinción. 
De observar por el retrovisor, para ver si vuelves la mirada y sonríes. 
De levantarme cinco minutos antes para ver dormir a esa persona. 
Y de demostrar las cosas con hechos y no con palabras. 
De llaves ácidas y tiras picapica azules. 
De dormir poco y acariciar lento. 
De sonrisa y mirada picara.
De apariencia chula pero si me conoces entiendes que todo es fachada.

De abrazar fuerte y de besar despacio.