Soy de esas.
De las que escuchan canciones en bucle. Esas que no puedes parar de escuchar y siempre te dejan muy metido en la mierda. Y las vuelves a poner.
De ganas de escribirle aunque sepas que no te va a contestar.
De ir al pueblo.
De los “no me pasa nada” que gritan “me pasa todo”.
De ti, que no hablas, pero miras. Profundamente.
De dormir poco y pensar demasiado.
De la leche fría en un vaso con Cola Cao y tres tipos diferentes de galletas.
De echarme colonia hasta por los codos y de mirarme en todos los espejos de las calles. De estar en silencio, de pensar demasiado y coleccionar dolor.
Y muchas veces, los silencios dicen más que el resto del mundo a gritos.
De darlo todo y que me revienten por dentro.
Y seguir viviendo con falsas señales.
De cerrar los ojos y quedarme dormida cuando me acarician el pelo.
De queso con macarrones y no al revés. Y si algún macarrón queda suelto, inundarlo de más queso.
De pantalones pitillo y camisetas anchas.
De charlas largas con mis amigos y de bailar en cualquier lugar.
De hacer cualquier tontería para que alguien sonría.
Soy rara.
De esas raras, que si un tren me encanta, vuelvo a por él, aunque me arrolle de nuevo.
De sorpresas en peligro de extinción.
De observar por el retrovisor, para ver si vuelves la mirada y sonríes.
De levantarme cinco minutos antes para ver dormir a esa persona.
Y de demostrar las cosas con hechos y no con palabras.
De llaves ácidas y tiras picapica azules.
De dormir poco y acariciar lento.
De sonrisa y mirada picara.
De apariencia chula pero si me conoces entiendes que todo es fachada.
De abrazar fuerte y de besar despacio.
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